• LA CONTAMINACIÓN.

 

La evolución de la humanidad puede representarse mediante dos curvas exponenciales, que reflejan el crecimiento de la población y el aumento en la utilización de los recursos naturales. Es indiscutible que el progreso tecnológico ha aportado una mejoría en la adaptación del hombre a su entorno, prolongando las expectativas de vida al reducir las agresiones externas, sean fieras, microorganismos o condiciones cismáticas extremas. Pero no todo han sido ventajas y la biosfera, se resiente, tanto de la masiva presencia de los seres humanos, agotando recursos planetarios y desbordando mecanismos de defensa de la propia naturaleza.
El agotamiento de los recursos puede tener caracteres groseros, como la deforestación y las explotaciones mineras a cielo abiertos, que reducen las superficies dedicadas a la regeneración del oxígeno atmosférico gracias a la fotosíntesis; de todos modos, el mayor riesgo de degradación por la biosfera viene dado por la contaminación.

Entendemos por contaminación toda acción capaz de alterar la pureza de un entorno como la atmósfera, el suelo o las aguas; dicha alteración se debe básicamente a la presencia de factores inhabituales sobreañadidos.

Debemos distinguir tres tipos de contaminantes, a saber: biológicos, químicos y físicos.
Los contaminantes biológicos son básicamente microorganismos responsables de infecciones y parasitosis.
Los contaminantes químicos son sustancias procedentes de industrias; no pueden ser metabolizados y eliminados por los mecanismos naturales.
Los contaminantes físicos son agentes diversos, y varían desde radiaciones ionizantes a vibraciones, pasando por ultravioleta, luz visible, infrarrojo o simples ruidos.
La contaminación afecta directamente el nivel ecológico ocupado por la especie humana, agrediendo sus componentes, al provocar enfermedades de diversa índole, dependiendo en cada caso del tipo de contaminación principal.


Los contaminantes biológicos provocan enfermedades contagiosas y parasitarias, cuya gravedad va ligada a la presencia y desarrollo, o no, de defensas por parte del organismo afectado.

La contaminación química provoca acciones tóxicas específicas, que dependen de la dosis y que tienen efectos acumulativos, comunes a seres humanos y a animales.

La contaminación física viene determinada por el consumo energético que, por degradación, genera agentes físicos capaces de alterar el equilibrio ecológico y afectar nuestra salud; cabe considerar: radiaciones ionizantes, son responsables de síndromes de radiación; agudas, que dependen de la dosis y casi siempre son accidentales, responsables de trastornos neurológicos, digestivos, hematológicos y cutáneos; la radiación crónica suele ser una enfermedad profesional, responsable de hemopatías, neoplasias y malformaciones en la descendencia.

Para dominar la contaminación el camino será largo, costoso y duro, ya va siendo hora de que todos, ciudadanos y administraciones, tomemos conciencia de que la calidad del medio ambiente es un bien irrenunciable.

 

Todos estamos implicados en la lucha contra la contaminación y no podemos dimitir de nuestras obligaciones.